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Turismo, el negocio de la Felicidad

“Estamos en el negocio de la felicidad”, es una expresión que alguna vez le escuché a uno de mis instructores favoritos del SENA durante la Tecnología en Guianza Turística y, por alguna razón, me resultó bastante atractiva, así que también la hice mía. Hoy, pensando en una de tantas historias que contar, de pronto me pareció la forma más apropiada para entrar en materia.

Me asalta una inquietud: ¿Qué es felicidad? Entonces me remito a Nietzsche con una de sus frases que bien encajaría para argumentar la expresión inicial “El destino de los hombres está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices”.

Siempre he creído que soy pésima artesana, ahora empiezo a dudarlo, soy una pieza clave en la construcción de momentos felices, de mi pasión, habilidad y conexión depende la creación de momentos memorables, de sonrisas, de felicidad….durante esos viajes que planean y viven aquellos que nos visitan.

Hace días tuve la oportunidad de compartir una de las mejores rutas que desarrollamos dentro de nuestro bello Municipio de Jardín Antioquia, “Las voces del agua”, conocida comúnmente como La Ruta de las 7 Cascadas, en compañía de 2 visitantes panameños. Tomamos el jeep durante 30 minutos con destino al Cuchillón y durante este tiempo me puse a la tarea de romper el hielo. Para ser franca, con Jorge fue bastante sencillo poner un tema de conversación. Sin embargo, con su novia sentí cierta resistencia.

Construir felicidad en mi opinión implica acercarse al otro, tocarle el alma, escarbar un poco en sus adentros y ponerse a la tarea de entender un poco más de ese universo que yace justo al frente. Mientras caminábamos con destino al Salto del Ángel, la primera cascada que planeábamos visitar, le hice una pregunta a Jorge con respecto a su ocupación actual y, sutilmente, me percaté de su evasión. Él respondió qué hacía su compañera, su esposa y hablaba de ella con un aire de admiración. Admito que me pareció curioso, aun así no insistí en obtener la respuesta.

La caminata transcurrió con normalidad, con encanto, con gozo. Visitamos la Cascada y Cueva de Los Guacharos y como era de esperarse ambos estaban sorprendidos de la belleza e imponencia de aquel lugar. Como es lo acostumbrado continuamos con el circuito hasta llegar a la Cascada el Dragón donde programamos el disfrute de un rico fiambre antioqueño, a lo que hicimos cierto cambio, pues la pareja buscaba privacidad y el lugar estaba siendo ocupado por unos senderistas que nos habían alcanzado por el camino, y entonces decidimos instalarnos debajo de aquel yarumo, con raíces grandes y bastante acogedor que se encontraba más adelante mientras escuchábamos el susurro de la delicada caída de agua El Manto. Allí se desarrolló una conversación en relación a mi trabajo, mi amor por aquel arte, pero también los retos y momentos que me habían llevado a un nuevo comienzo minado de miedos y de nuevos sueños… Y fue así como un muro se cayó, de pronto Jorge empezó a contarme sobre sí mismo, sobre su catarsis, su introspección.

Estos últimos días me he dado cuenta que mientras construimos momentos felices, nos replanteamos la vida, buscamos un descanso de las presiones, de los miedos, y vamos más allá. Entonces, convergemos en un mundo donde nos sentimos menos solos, donde vemos que nuestras luchas han sido las de otros y eso nos da un poco de calma, un poco de luz, un poco de esperanza.

Lorena Jaramillo

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